Prueba de amor...¿en serio?

La virginidad, aquella amiga de años que acabamos por traicionar con aquel que consideramos más apropiado, o simplemente menos desacertado. Para algunas chicas es un gran paso decir adiós a la inocencia y la pureza; a esa niña asustada que en cuestión de segundos puede comenzar a saberse mujer. Para otras, como yo, no es algo que marque una diferencia en tu forma de ver la vida o de sentirte bien contigo misma, pero eso no significa tampoco que se entregue a la ligera. Hay muchos tipos de hombre con los que decidir dar ese paso, pero de todos los perfiles que podría describir, vengo a afianzar mi opinión sobre el que nos gusta denominar “caza recompensas” ese que se las ingenia para hacerte sentir lo suficientemente cómoda y querida como para entregarle lo más limpio que tienes en ese momento, solo para dejarte nada más tenga la oportunidad y salir a engatusar otra víctima que sufrirá tú mismo destino. Yo tuve la desgracia de enfrentarme a este espécimen, tan curioso y elemental a la vez, pues, aprovechando mi inexperiencia, mi corta edad y mi tierna inocencia, me proclamó a los tres meses de la relación y a punto de abandonar el país que si no accedía a tener relaciones con él entonces nunca lo había querido realmente. Amigas, la decisión que se toma en momentos como ese es respetable de acuerdo a la forma de pensar de cada una y nunca me atrevería a juzgar o criticar cualquier respuesta, pero la mía tuvo que ser una negativa. Si esa es la prueba de nuestro amor, puedes proceder a metértelo por donde te quepa. 

Alex

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