El efecto bumerán

Bienvenidos todo a otro episodio de “Los hombres de mi vida”, esta vez tenemos como invitado especial, no a un tipo de hombre en específico, sino a una característica de algunas personas que puede verse tanto como un elemento para favorecer la elevación de la autoestima, o como una maldición con la que no tienes ni idea de cómo lidiar, pero a la que, a la larga, te acostumbras.  Ante ustedes presento (redoble de tambores, por favor): el efecto bumerán, como lo he llamado toda mi vida, y que describe esa suerte que tenemos algunos mortales de que, sin importar qué tan lejos o fuerte o con cuántas ganas lancemos a nuestras exparejas, siempre, siempre, siempre regresan. También tenemos la variante en la que te dejan a ti, pero deciden, luego de consultarlo con la almohada por un tiempo prudencial, que no fue una buena idea y que estaban mejor contigo. A todo el que ha pasado por esta situación, estoy segura de que ha sentido en algún momento una rabia descontrolada por lo gilipollas que pueden llegar a ser muchos representantes del sexo “dominante” o simplemente se han echado a reír por las vueltas que da la vida cuando una persona que, a pesar de esforzarte y darlo todo, te dejó, toca a tu puerta pidiendo una segunda oportunidad, o una tercera, o una cuarta y así sucesivamente hasta que se dé por satisfecho. Personalmente, aunque encuentro el bumerán como un juguete esporádicamente muy divertido, me he planteado en numerosas ocasiones pasarme al frisbee o platillo, a ver si hay suerte y se queda allá bien lejos donde lo lance, pero conociéndome, seguramente algún perrito gracioso y juguetón me lo trae de vuelta. 

Alex 

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